viernes, 5 de noviembre de 2010

Retorno

Abro, de nuevo, los postigos de este lugar. El aire vuelve a entrar, liberando la atmósfera de este pesado olor a  polvo y humedad tan molesto. 

Ahora que la luz retorna a esta inspiradora estancia los recuerdos me avasallan. Recuerdos de papel amarillento, de tinta fresca, de tardes de otoño y noches a la luz de un candil. 

Comienzo a retirar las blancas sábanas de lino que han cubierto los pesados muebles durante mi ausencia. Esgrimo la pluma que descansa sobre el escritorio, pero la siento torpe en mis dedos. 

Hay mucho que hacer. 


Hoy he vuelto a alimentar a los peces de este estanque. 

miércoles, 4 de agosto de 2010

Olvido

Con un amplio gesto de su brazo colocó una nueva imagen frente a él. Aquella fina lámina cristalina se reunió con el resto de ilustraciones que conformaban un translúcido muro protector. 

Aquella pared de diapositivas era lo único que lo protegía de la poderosa ráfaga de luz que buscaba su destrucción. Fulgor asesino que golpeaba la pared de estáticos fotogramas sin descanso, desintegrando, una a una, aquellas vidriosas láminas de salvación. 

Un nuevo movimiento y un nuevo parche. Ante él apareció un rostro femenino de rasgos delicados y vívidos ojos verdes, iluminados por aquella explosión de luz. Conocía muy bien aquella mirada, aquella sonrisa...

Rió. Resultaba irónico que aquella demoníaca luz alumbrase aquel semblante de manera similar a como lo hacía el Sol por la mañana, cuando despertaba junto ella.

Aquel era uno de sus más preciados recuerdos. Pronto sería destruido y no quedaría el menor rastro de aquella fémina en su memoria.

Suspiró. La mayoría de sus memorias ya habían sucumbido bajo el envite de aquella fuerza arrolladora: sus primeras vacaciones de verano, la primera nevada, su primera borrachera, su primer beso... Algunos pequeños fragmentos de aquellas instantáneas todavía flotaban a su alrededor. Pruebas de lo perdido y ya nunca recuperable. 

Los minutos pasaron. El muro seguía regenerándose y desintegrándose en un círculo vicioso con fecha de caducidad. 


Finalmente, incluso su propósito de continuar con vida quedó relegado al olvido y dejó de crear aquel escudo. La luz lo engulló junto con los últimos restos de su memoria.

No le dolió, pues incluso ese recuerdo había sido exterminado. 

viernes, 2 de julio de 2010

Continuará...

Tras los últimos aplausos, aislados y desacompasados, cae el telón y la gruesa  tela de color burdeos oculta el cansado rostro de los actores. Finalizado el espectáculo, reciben aquella muestra de admiración como pago por los servicios prestados. 

Esos faranduleros nos han hecho reír, llorar, gritar de la sorpresa o del miedo. Nos han emocionado, probablemente más allá de lo considerado socialmente aceptable. 

Sus interpretaciones pedurarán en la memoria de los espectadores hasta que llegue el final de la Obra de la Vida, grabadas con quemador en sus retinas, a salvo de perjucicio de la luz. Ha sido una actuación inolvidable. 

Los asistentes se marchan poco a poco, dejando tras de sí un rastro de bebidas y envoltorios arrugados que más tarde alguien se encargará de limpiar. Al menos así ha ocurrido siempre. 

Se van con un agradable sabor de boca pero con la tristeza de saber que todo a acabado. Al menos por el momento. 



Una pequeña esperanza brilla en sus pechos, pronto el telón volverá a levantarse y la actuación comenzará de nuevo. 

miércoles, 16 de junio de 2010

Potari

Gota, gotita, gota.

Alegre y danzarina, abandonas tu antigua morada y, de manera irremediable, te lanzas al inmenso abismo que se extiende ante tí para reunirte con tus predecesoras. 

Gota, gotita, gota. 

Me lanzas un guiño de despedida en forma de pequeño resplandor cuando el final ya sólo está a unos pocos centímetros. Unos instantes más y te habrás reunido con ellas. 

Gota, gotita, gota. 

Finalmente arribas a tu destino, fundiéndote en un cálido abrazo con tus hermanas. Siempre me han enternecido las reuniones familiares. Ayúdales a teñir el suelo con tu hermoso tono carmesí. ¡Extended vuestro dominio!

Gota, gotita, gota. 

Me despido de tí, un nuevo orbe clama mi atención.


Casi conseguiste engañarme, casi... pero al final acabaste como los demás.

Potari. Potari. Potari...

martes, 1 de junio de 2010

Silencio

Finas hebras de plata que se escapan de tu boca y acarician tus labios antes de surcar el aire que te rodea como delicadas volutas de humo.

Finos hilos que se transforman en cadenas de dorados eslabones que aprisionan tus miembros y encierran tu alma en una jaula de falsas promesas y deseos mal formulados. 

Intentas hablar pero el ruido ahoga tus palabras y sólo consigues emitir un torpe balbuceo. Todos conversan, gritan, ríen, cantan, lloran... pero tú no eres capaz de comunicarte. Ese insulso zumbido tapona tus oídos y adormece tus sentidos. 


Sólo puedo prometerte que el Silencio llegará justo cuando no desees que tus palabras sean escuchadas. 

martes, 18 de mayo de 2010

Asesinato con alevosía

Aferró aquella pieza de metal afilado y acarició con sadismo la piel de su víctima. 

Siguió jugueteando hasta encontrar una zona que era de su agrado, entonces comenzó deslizar aquella improvisada cuchilla de lado a lado. 

Los jirones de piel grisácea mancharon sus dedos, pero no le importó. 

Comenzó lentamente, pero cuando el color rojo empezó a abrirse paso, aceleró sus movimientos hasta entrar en frenesí. 

Allí estaba lo que tanto había deseado y esperado... la tercera cereza del Rasca y Gana.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Vulgo Vulgaris

Oh, Elisabetta, obséquiame con ese dulce néctar que sólo tú destilas...


¿Qué? No me miréis así.


Sólo intento culturizaros un poco, sólo quiero daros algo que rompa con la mediocridad de vuestra fútil existencia. Malditos analfabetos.


Lo que más me molesta no es vuestra falta de conocimiento, ya que desconozco las razones por las que os encontráis en ese estado de abandono neuronal (aunque ya os adelanto que es difícilmente justificable), lo que más detesto y me enerva es que os jactéis de ello. ¿Cómo podéis ser capaces de alardear de vuestra total falta de conocimiento? ¿Por qué os enorgullecéis de vuestro escaso vocabulario y vuestro torpe manejo del acervo?


¡Miraos!¡Un muñeco de cartón sabría mantener una conversación mucho más amena y enriquecedora que las vuestras! Dejad de atormentarme con charlas insulsas y monótonas que sólo consiguen despertar en mí un enorme dolor de cabeza.



A partir de ahora dejaré de intentar iluminar vuestra mente con pequeños y puntuales rayos de límpida luz. ¿Para qué desperdiciar mis momentos de creatividad y lucidez?


Si vulgaridad es lo que queréis, es lo que habéis de tener.


Oh, Elisabetta... ¡Enséñame una teta!


miércoles, 21 de abril de 2010

Distancia

Ahí estás. No puedo apartar mi mirada de tí. Reposas con estudiada serenidad. Has estado esperándome. 

Te colocas ese mechón rebelde que recorre tu frente. Finges no haberte percatado de mi presencia, pero sé que me miras de soslayo. Sonries. 

Acércate.

Apoyo mi mano en este cristal que se interpone entre nosotros y tú respondes con un gesto idéntico, pero la calidez de tu piel me está vedada. Sólo percibo la frialdad del vidrio.

Nuestro aliento comienza a empañar la pantalla.


Nos separa la única barrera que no podemos romper, el tiempo.

martes, 20 de abril de 2010

Todo pasa y nada queda

Al igual que una orquídea de puta pura nieve, despliegas tus pétalos en una danza de sensualidad postiza, o al menos eso crees, aunque no es más que burda sexualidad. Finges tener lo que no posees y exageras tus escasas pertenencias de manera tan escandalosa que tengo que cerrar los ojos cuando te contoneas cerca de mí para evitar que el brillo radiactivo de tus ropas queme mis delicadas retinas. 

Debo preguntarte: ¿de verdad estás a gusto con tu cuerpo? No me mires así, no estoy loco. Al menos de momento. Con TU cuerpo no me refiero a esas larguísimas pestañas alquitranadas, a esos carnosos labios recubiertos con un extraño mejunje pegajoso, que todavía estás pagando a plazos, ni a esa fantástica altura fruto de unos tacones que ni el más experimentado equilibrista podría dominar.


Me refiero a ese cuerpo que la naturaleza te dio y que tu madre se encargó de preservar en esas fotos que te hizo en la niñez, esas que muestra a todas sus visitas. No te enfades, ya sabes que te pones muy fea cuando te enfadas. 

No hace falta que recalques que ya no eres esa niña, salta a la vista. Aunque más te valdría ser una cría y no una esa especie de muñeca hinchable en la que te conviertes cada fin de semana (es probable que estés incluso más vacía que ellas).

Disfruta de tu cascarón, ahora que puedes. Pronto llegará el invierno y con él la devastadora escarcha que destruirá tu pomposa corola.

Y sólo podrás mostrar el único significado que tienen la flores marchitas: decrepitud.

El tiempo todo lo cura, y a veces hasta atenúa la estupidez.

domingo, 18 de abril de 2010

Foco existencial

Aquel pequeño parque parecía totalmente ajeno al trasiego de la ciudad. Había sido construido años atrás en un intento de otorgar algo de vida a aquel barrio dominado por la frialdad del hormigón, el acero y el cristal de los edificios financieros. Un pequeño punto de color rodeado de gigantes cascarones rellenos de avaricia, envidia e ira. 

Centenares de personas, seguramente muy ajetreadas, circulaban a su lado sin apenas fijar su mirada en las límpidas gotas de roció que cubrían las hojas cada mañana. Nadie se fijaba en las tiernas briznas de hierba que crecían día a día y cubrían totalmente el suelo con una vivificadora y mullida alfombra de color verde esmeralda que invitaba a tumbarse en ella y dejar que la brisa se llevase las preocupaciones, volando por encima de los edificios, hasta más allá de las montañas. 

Desde el día en que sus labradas puertas de hierro se abrieron por primera vez, aquel jardín se convirtió en un lugar especial, distino al resto de parques. Pero no porque, a diferencia del resto, éste hubiese cumplido su objetivo, sino porque cada tarde recibía la misma visita. 

La misma mujer, con su mismo vestido morado, se sentaba cada día en el mismo banco de piedra a la misma hora. Abría el ajado libro de poemas, que solía ser su único compañero (excepto en los días de lluvía o nieve en los que además portaba un amplio paraguas de color blanco), y leía hasta que el sol se ponía, momento en el que cogía un pétalo, una hoja o un pequeño trozo de hierba, para marcar la página en la que se había quedado, y se marchaba. 

Tenía la facultad de iluminar cada sombrío rincón, resucitar cada flor marchita y sanar cada árbol enfermo. Al igual que la glicinia embellece los troncos que rodea, aquella mujer convertía la escena en un momento inolvidable con sólo alzar sus ojos color turquesa o acariciar sus lisos cabellos. 

A veces, una sóla persona puede convertir un infierno en un paraíso. A veces, sólo a veces, una persona puede convertirse en la única razón de tu existencia. 

jueves, 18 de marzo de 2010

Catarsis

Miénteme. 

Envenéname con palabras vacías de contenido pero llenas de significado. Embelesa mi alma con tu aliento perfumado de azufre y canela. Hazme temblar, aúllar... de gozo o de dolor, me es indiferente, pero hazme sentir

Dime que estás aquí. Dime que siempre estarás a  mi lado. Que nunca me harás daño. Ya sé que es mentira pero hoy creeré todo lo que me digas. Haré todo lo que me pidas. 


Dime que conoces el camino a ese mundo ficticio donde los castillos están construidos con sueños y en los ríos las ilusiones nadan libres de cualquier atadura material. Guíame hasta allí, por favor. No me importa si al final me abandonas en mitad del camino mientras me agarres de la mano hasta ese momento. 

Abrázame. No me sueltes o caeré por este precipicio que me rodea. Tira de mí y hazme volar. Sé que puedes. Extendamos nuestras alas y subamos tan alto que la cordillera de nuestros miedos parezca una simple colina.

Atrápame en tu fina red de seda. Atáme con las cadenas de tus acciones y tus deseos. Enciérrame en los más produndo de tu ser. 

Bésame.

Miénteme y dime que por fin te encontré. 

miércoles, 24 de febrero de 2010

Eternamente perseguidos.

Corre. No desfallezcas, porque si lo haces desearás estar muerto.

Atraviesas el oscuro bosque de la incetidumbre, a ciegas. Tus piernas no dan más de sí y tus pulmones, inflamados en llamas debido al frío, te transmiten las quejas de tu organismo en forma de un agónico silbido. Viajas sólo y por ello nadie puede apreciar tu titánico esfuerzo. Quizás sea mejor así pues si falleces lo harás en la dignidad de la solitud.

Los lobos te acechan. Esperan, deseosos, tu caída para hincar sus afilados colmillos en tus temblorosas y pálidas carnes. Desgarrarán tu piel y arrancarán tu musculatura para saciar su enorme apetito y el de su progenie. 

Si tienes suerte tu muerte será rápida y no sentirás cómo se derraman tus vísceras por el suelo escarchado. Pero si el sino así lo quiere y logras sobrevivir a los cánidos, todavía estarás consciente cuando lleguen los funestos buitres. 

No grites, nadie te oirá. Sólo arrepiéntete de no haber dado la talla.



lunes, 22 de febrero de 2010

Todo llegará... algún día.

Porque en algún momento ocurrirá algo que cambie radicalmente el curso de tu vida....

Sólo espera



martes, 9 de febrero de 2010

Compleméntame

¿Por qué existen los complementarios? ¿Por qué sentimos esa necesidad de calificar un concepto como contrario de otro?

Quizás sea por nuestro afán de autodeterminación. Nuestro deseo de definirnos, fingir que sabemos quién somos, qué somos.

Pero quiero más, yo quiero más....

La única razón por lo que existen los opuestos es para diferenciarnos de ellos. Somos lo no-malo, lo no-bajo... Dentro de esa de esa realidad ficticia en que todo está etiquetado y es conocido nos sentimos seguros, apartados de la peligrosa espontaneidad de la vida.

No puedo vivir sin tí, no hay manera.....

Reconozco que yo también me siento a salvo dentro de la rigidez de esa telaraña conceptual. Al fin y al cabo, ¿qué sería de la luz sin la oscuridad?

No puedo estar sin tí, no hay manera.....

viernes, 8 de enero de 2010

Sobre lo común de la diferencia.

Hoy, durante las clases, no he podido evitar escuchar un retazo de la conversación que mantenían dos compañeros sentados detrás mío. Uno de ellos hablaba sobre sus intentos por ser diferente, por salirse de las convenciones sociales más extendidas. 

Su tono de voz me dio a entender que tales esfuerzos eran algo totalmente voluntario (y hecho a propósito), a pesar de que, cuando su interlocutora le reprochó ese hecho, se apresuró a aclarar que la música que escuchaba, su modo de vestir, de comportarse... eran fruto de sus preferencias personales y que lo inusual de las mismas era sólo casualidad. Yo (oído avizor) no le creí.

No sé si será una impresión mía o quizás un hecho demostrable, pero encuentro que cada vez más gente intenta separarse de lo convencional para adentrarse en las llamativas sendas de LO DIFERENTE. Niños que se rebelan contra los padres, jóvenes que se niegan a cumplir las normas, ancianos que desean vestir como si tuviesen treinta años... cualquier edad es buena para demostrar su individualismo y sus deseos de romper con lo preestablecido a cualquier precio (aunque en algunos caso se la pérdida de la dignidad). 

Pero con cada nuevo adepto, el culto a la diferencia pierde un poco de su trasgresión, de su esencia. La diferencia es cada vez menos diferente. 

Quizás esta corriente siga consiguiendo seguidores hasta que los antes considerados "normales" pasen a ser los "bichos raros". Quizás este proceso se detenga y se invierta hasta que todos alcancemos una total uniformización. O quizás, puestos a conjeturar, una zanahoria gigante venida de un lejano planeta nos enseñe a todos a mostrarnos tal y como somos en realidad, sin máscaras ni edulcorantes. 

Al final, sólo nuestro espíritu marcará la diferencia.